Los Reyes Magos y Papá Noël

28 de Diciembre, 2008 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

No existe estado de ánimo más intenso y genuino que la ilusión de un niño en la mágica noche de Reyes o de Papá Noel. Dos formidables acontecimientos festivos que fundamentan su mítica grandeza en el frágil corazón de los niños y en el tierno cariño de sus mayores.

Desde el portal de Belén, los tres Reyes Magos, oscuros y pobres astrólogos de la época, han evolucionado social y económicamente por mor de la bendita fantasía infantil -legítima e inteligentemente apoyada por la gente de mostrador-hasta convertirse en majestades de gran magnificencia y suntuosidad.

Tanto y de tal manera esto es así que la tarde-noche de la víspera de Reyes se presentan los tres ante los niños, apiñados y expectantes en las aceras de sus respectivas ciudades, a lomos de exóticos camellos, unas veces; briosos caballos, otras, o acomodados en impresionantes tronos sobre fastuosas carrozas, las más. Y no vienen solos en la noche, como ocurriera ante el Niño Jesús en Belén, sino en medio de una espectacular cabalgata de pajes y ayudantes que cautiva la inocente atención de los más pequeños, cuyos ojos quedan prendidos de ellos con atónita devoción.

Por su parte, Papá Noel, a bordo de un magnífico trineo tirado por renos, procedente de las gélidas latitudes del Polo Norte, surca el firmamento bajo las estrellas, rumbo a los hogares de todos los niños del mundo para dejar en cada uno de ellos sus regalos de Navidad.

Por la misma razón que los Reyes Magos, Papá Noel también ha experimentado una espectacular transformación desde aquellos tiempos en los que no era más que el caritativo y humilde San Nicolás de Bari.

Ahora es un orondo y dicharachero hombrecillo, que ríe a carcajadas, vestido de rojo y tocado con gorro del mismo color, todo ello ribeteado de armiño blanco, y que lleva sobre el hombro su peculiar saco lleno de regalos.

Naturalmente, Papá Noel, con su trineo volador, es mucho más rápido en sus desplazamientos que los Reyes Magos en su lenta cabalgata. Por eso, Papá Noel deja sus regalos a las 00,00 horas del día de Navidad, o sea justo al principio de las vacaciones, como debe ser; y los Reyes Magos, la noche del 5 al 6 de Enero, o sea justamente al final de las vacaciones, lo cual parece poco correcto, se mire como se mire.

Para solucionar esta cuestión nada baladí, se viene optando últimamente por escribir también a Papá Noel, que, como es sabido, no suele desatender jamás la carta de ningún niño bueno.

De esta inteligente y bondadosa manera se consigue duplicar la ilusión y el gozo infantil: primero, con Papá Noel, y, después, con los Reyes Magos; una vez antes y otra prácticamente después de las vacaciones. Todo ello, para contento de los papás, y legítima satisfacción de aquella buena gente de mostrador, a que nos hemos referido.

Bendita Navidad, pues, aunque sólo sea por la ilusión de los niños. Y en aquellos hogares y territorios donde esto no es posible, que llegue muy pronto la ilusión para pequeños y mayores en cualquiera de sus formas; y, sobre todo, que les llegue la paz segura y duradera, a la que todo el mundo tiene derecho.

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