EL VALS DEL VAGABUNDO.

23 de Diciembre, 2008 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

Sobre las últimas hojas otoñales, cubierto por un largo y mugriento abrigo de grueso paño, las bocamangas remangadas por excesivas, los lánguidos brazos en cruz, y una oscura botella de vino en la temblorosa mano, un vagabundo, torpe e inseguro, gira valsando sin parar al ritmo de una música que sólo él parece oír en su limbo de alcohol y soledad.

Tiene, sin embargo, el vagabundo un patético halo de suprema y altiva indiferencia. El semblante hirsuto y acartonado, la mirada inexpresiva bajo un raído gorro de lana, el calzado deformado y roto…; todo en él parece evocar la pura imagen de la aniquilación personal.

La escena tuvo lugar, ayer mismo, en la cacereña Avenida de Jerusalén, de tan litúrgica recordación -Belén y Calvario, Natividad y Cruz–.
En plena actuación del vagabundo, pasa un niño de corta edad, de la mano de su abuelo. Ambos se detienen para contemplar la insólita escena. El abuelo se inclina sobre el niño absorto en la danza del extraño personaje y parece explicarle algo en el lenguaje de la infancia. Al rato, ambos se alejan sin que el pequeño deje de volver la cabeza para mirar al hombre de los harapos que baile y bebe de una botella.

De improviso, el niño levanta su manita y con instintiva tristeza, esboza su acostumbrado adiós, esta vez sin recepción ni respuesta. El abuelo menea la cabeza con pesadumbre y siente que una plegaria se le escapa del alma; una plegaria de Pasión impropia de la Navidad; pero nacida para la extraña pasión de aquel hermano que baila su propio calvario…

En la televisión de un bar próximo, los niños de San Ildefonso entonan su cantilena de premios de Navidad.

Deje un comentario


www.ciberensayos.com. - Todos los derechos reservados
Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización- Aviso legal